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domingo, 23 de enero de 2011

Lo último de Roberto Bolaño


Está por publicarse el que se presenta como penúltimo libro póstumo de Roberto Bolaño: ¨Los sinsabores del verdadero policía". El crítico Ignacio Echevarría que actúo durante algún tiempo como albacea de su legado literario nos presenta ciertos detalles que constituyen verdaderas primicias del material que aún corre a cargo de Anagrama. Por cierto, en este enlace se puede encontrar uno de los mejores documentales realizados en torno a la figura del escritor chileno, en el que se ha incluido una entrevista realizada a Mario Vargas Llosa quien declara su admiración por el autor de Los Detectives Salvajes. El artículo de Echevarría, publicado en el suplemento El Cultural del periódico El Mundo de España, dice lo siguiente:

"Vayan por delante dos afirmaciones categóricas:
Una: entre las páginas de Los sinsabores del verdadero policía se cuentan algunas de las mejores de Roberto Bolaño, que las escribe desde la altura alcanzada a partir de Estrella distante, con una libertad y una osadía a ratos apabullantes. Dos: no cabe arrojar sospechas sobre la legitimidad y el correcto proceder de Carolina López, viuda de Bolaño y administradora de su legado, ni de sus agentes y asesores, que vienen mostrando, hasta el momento, un escrupuloso respeto hacia la integridad de los textos del autor.

Dicho esto, conviene salir al paso de algunas presunciones que se deslizan en los textos que envuelven esta última entrega de Bolaño (entre ellos, la “Nota editorial” firmada por Carolina López), empezando por la de que se trata de una novela. No es así. Los sinsabores del verdadero policía no es -como se repite insistentemente- una novela, no al menos en el sentido cabal, por extenso que sea, que se suele conceder a este término. Ni siquiera es, como se sugiere, una novela inconclusa. No. Ni falta que hace.

Si fuera imperioso -como parece- decir qué es, la forma más neutra y ajustada de hacerlo sería decir que se trata de materiales destinados a un proyecto de novela finalmente aparcado, algunas de cuyas líneas narrativas condujeron hacia 2666, mientras otras quedaron en suspenso, inservibles o pendientes de ser retomadas por el autor, de haber tenido ocasión y ganas de hacerlo. En este caso, lo hubiera hecho ya no para prolongarlas tal y como se ofrecen ahora, sino para reelaborarlas en un marco nuevo, inevitablemente transfigurado por la hazaña que supuso la escritura de 2666 (el último libro, entre los publicados después de su muerte, que Bolaño consintió expresamente publicar tal y como lo conocemos).

Insisto: los materiales narrativos reunidos demasiado acríticamente bajo el título Los sinsabores del verdadero policía no constituyen, con propiedad, una novela. Tal y como se presentan, no admiten ser tomados, en rigor, como una obra más de Roberto Bolaño, por muchas piruetas que se pretenda hacer (las hace, de hecho, Masoliver Ródenas en su prólogo). Lo cual no les resta aliciente, claro que no. Ocurre simplemente que es preferible no confundir al lector.

Cuando no se cuenta con testimonio expreso alguno acerca de las intenciones que, a su muerte, el autor abrigaba hacia unos textos encontrados entre sus papeles y archivos de ordenador, el único criterio más o menos fiable es el que, apoyado en los indicios disponibles, se deduce de la lógica interna que preside el conjunto de su obra. En el caso de Bolaño, esta lógica es bastante férrea. “La estructura de mi narrativa -declaró en cierta ocasión- está trazada desde hace más de veinte años y allí no entra nada que no se sepa la contraseña”. Palabras estas que imponen la la obligación de ser muuy cauto a la hora de escoger la puerta por la que se ha de dar entrada a nuevas entregas.

Por lo que toca a Los sinsabores del verdadero policía, esa puerta es la destinada a materiales aún no definidos que, en el caso de un escritor como Bolaño, que trabajó siempre en varias bandas simultáneas (durante la redacción de 2666 parió al menos dos libros), dan cuenta de la multitud de direcciones en que se orientaba su impulso creador. Resulta insensato pretender que todas esas direcciones abrían caminos hacia objetivos bien delimitados y reconocibles. Lejos de eso, ocurre a menudo que un escritor ensaye senderos que finalmente no conducen a ninguna parte. No se trata ahora de esa “poética de la inconclusión” que en otras ocasiones se ha invocado para caracterizar el proceder de Bolaño como narrador, no. Hay una diferencia sustancial entre dejar una historia en suspenso, con final abierto, como suele decirse, y abandonar el desarrollo de esa historia por las razones que sea, reclamado acaso por otras historias que se cruzan en el camino, o ganado por la fatiga, o bien inseguro ante la manera de continuar.

Como en tantas ocasiones, la obra de Kafka sirve aquí de inmejorable referencia. Los escritos póstumos de Kafka ofrecen un variado repertorio de textos en diverso estado de desarrollo. A algunos les cumple el calificativo de terminados, satisfacieran o no a su autor. A otros, el de inacabados. Otros más constituyen brotes, abortos narrativos, pasajes a menudo fascinantes pero abruptamente interrumpidos, desviados.

Los sinsabores del verdadero policía se acerca más bien a esta última tipología. No cabe compararla a El Tercer Reich, novela primeriza que, llegado el momento, Bolaño resolvió no dar a la luz y guardó en una carpeta, insatisfecho sin duda con el resultado. Sobre El Tercer Reich cabría sostener que, aun cuando fue escrita por el mismo Bolaño, en el momento decisivo no acertó con la contraseña que le había de permitir el ingreso a la estructura diseñada tan precoz y clarividentemente por él.

Distinto es el caso de Los sinsabores... Se trata de un proyecto de novela cuyo germen es con seguridad anterior a la redacción de Los detectives salvajes. Quizá Bolaño lo retomara al concluir esta novela, pero, a partir de cierto momento (y me atrevería a especular sobre cuál es ese momento, muy ligado al abismo que se fue abriendo a los pies mismos de Roberto conforme se metió de lleno en el filón de los crímenes de Ciudad Juárez), se desvió por los derroteros que, sin apartarse del todo de personajes y motivos ya apuntados, lo conducirían finalmente a 2666.

Que Bolaño no hubiera retomado de nuevo los materiales ahora publicados para prolongarlos tal cual, es algo que se puede afirmar no sólo intuitivamente, sino desde la convicción de que un escritor como él jamás hubiera cometido descarados autoplagios, ni hubiera incurrido deliberadamente en abiertas contradicciones con lo escrito y contado en otras novelas antes publicadas. Que se den una y otra cosa en Los sinsabores... sólo puede justificarse (más allá del sobado recurso a comodines críticos como los de “intertextualidad”, “variaciones”, “caleidoscópico”, etc.) desde el supuesto de que, como tantas veces, Bolaño se sirvió de unos materiales ya elaborados como cantera de la que se nutrieron otras obras suyas, sin menoscabo de que con algunos restos de esos mismos materiales pudiera luego urdir nuevas historias.

El extravagante título de Los sinsabores del verdadero policía lo acarició Bolaño durante años. Estuvo siempre asociado al proyecto de una novela sobre un joven policía que en estas páginas sólo asoma lateralmente. Lo que nos cabe leer tiene que ver sobre todo con Amalfitano, un Amalfitano bastante distinto al que da nombre a una de las partes -la más enigmática, ahora intuimos por qué- de 2666. Bastante menos con un embrionario J.M.G. Arcimboldi que para nada coincide con el Beno von Archimboldi (con ch) que protagoniza esa novela.

En el camino que lleva de Los detectives salvajes a 2666, el libro que ahora se publica viene a ser una vía muerta. Sólo parcialmente hubiera podido reintegrarse en la cadena de la que se desprendió. Tal y como se ofrece, es un eslabón partido, que no por eso deja de arrojar destellos deslumbrantes, verdaderamente deslumbrantes por su audacia, por su comicidad, por su misterio, por su lirismo.

Que un material de estas características sea capaz de emitir esos destellos, y de atrapar al lector, dejándolo acaso insatisfecho pero nunca decepcionado, es una prueba más -concluyente como pocas- de la excepcional calidad de Bolaño como narrador."

jueves, 23 de diciembre de 2010

Las inconsistencias de la muerte y los curiosos destinos de Roberto Bolaño y W.G. Sebald (1era Parte)


Roberto Bolaño

Roberto Bolaño no es uno de mis escritores de cabecera. Se trata de una afirmación contundente y casi desafiante en una época en que su obra ha sido reconocida y su figura exaltada en mercados literarios tan diversos y alguno de ellos incluso tan apetitoso como el norteamericano. Su admisión en el olimpo privado de la presentadora Oprah Winfrey, las encomiosas reseñas del NY Times Book Review, la reciente adquisición de los derechos de su obra por parte del chacal literario Andrew Wylie -en detrimento de Anagrama-, y el amplio espectro de nuevas reediciones e incluso la paulatina revelación de textos inéditos apuntan a sostener durante varios años más en perfecto estado la maquinaria del famoso efecto Bolaño.

Bolaño al igual que el alemán W.G. Sebald, autor de "Austerlitz", (una de las pocas obras maestras contemporáneas), celebraron un período de reconocimiento justo después de sus infaustas y dolorosas muertes. Se trata del caso habitual en que la naturaleza, la casualidad o el infortunio juegan las cartas más desfavorables contra los espíritus creadores e innovadores, cobrando el elevado precio de sus vidas por el talento otorgado. Bolaño, tras permancer en estado terminal durante una semana, aguardando desesperadamente un transplante de hígado fallece el 15 de julio de 2003 en un hospital de Barcelona, con cincuenta años a cuestas. El caso de W.G. Sebald, es parecido, al punto de que varios y respetados especialitas llegan a considerarlo como un serio candidato para recibir en su día el Nobel de Literatura. Falleció en un accidente de tráfico el 17 de diciembre de 2001, tras perder el control del vehículo que conducía por una carretera del Condado de Norfolk, Inglaterra. Contaba con 57 años.

W.G. (Max) Sebald
La pregunta es invitable ¿cuánto habría cambiado nuestro panorama literario si en lugar de los infortunados sucesos de sus muertes, ambos Bolaño y Sebald se encontraran ahora mismo, este preciso instante, hojeando los periódicos, tomándose un café, sentados frente a sus ordenadores componiendo párrafos magníficos, personajes desgarrados, en fin, obras dotadas quizá de mayor madurez y encanto.

Todo son conjeturas. Idealizaciones y sueños.

Lo único cierto es que desde hace un buen tiempo no puedo desprenderme con facilidad de ciertas preguntas que me inquietan: ¿en qué momento personal e ínitimo, asumieron que morirían? ¿Qué proyectos desarrollaban por entonces, quedando, en consecuencia inconclusos? ¿Reemplazará alguien dotado de la calidad literaria suficiente, el espacio dejado por estos dos magníficos autores?

Si las referencias son ciertas, Roberto Bolaño padeció los primeros malestares de su afección hepática en 1992, cuando contaba con 39 años. Para entonces apenas había publicado alguna obra y sus incursiones más existosas apuntaban a la conquista de pequeños certámenes municipales. Fue primero con La Literatura Nazi en América y Estrella Distante y sobre todo con Los Detectives Salvajes, que alcanzó el oportuno renocimiento a su obra, obteniendo finamente los premios Herralde y Romulo Gallegos de 1998. Los momentos cumbres alcanzados por 2666 no alcanzó a verlos debido a su fallecimiento meses antes, dejando, eso sí, indicaciones expresas sobre la forma de proceder con el texto, la publicación individualizada de cada una de sus partes así como el precio a negociar con el editor. Todo según el deseo de legar a sus hijos las mejores condiciones económicas. Afortunadamente la decisión de la familia, la editorial y el crítico Ignacio Echevarria que actuaba por entonces como albacea de la obra, permitió la publicación íntegra de 2666, incorporando las 5 pequeñas novelas o "partes" en un volumen único de altísima calidad literaria. Personalmente aprecio mucho las travesías y las finas persecuciones que emprenden por seminarios, congresos y simposios los fanáticos de la obra de Benno Von Archimboldi en la así llamada "Parte de los Críticos". El libro final también cuenta con mi admiración y afecto, se trata de la "Parte de Archimboldi", en la que se descubre las peripecias del famoso escritor, desde su juventud en los estertores de la II Guerra Mundial, sus descubrimientos personales, sus primeras incursiones litearias, hasta su éxito matizado por el rechazo que siente por dejarse ver en público y rehuir todo evento al que se le convoca. Lo seguimos, finalmente, en su viaje a la ciudad de Santa Teresa -Ciudad Juárez- México, en donde cientos de mujeres han sido muertas de las formas más atroces.

Se trata, en definitiva de un libro extenso, lúdico, por momentos brillantes, absolutamente recomendable para su lectura. 

(En breve la segunda parte de este artículo)


 Portada de la edición en castellano


Portada de la edición en inglés

En Tolstói, Librería Independiente, ubicada en la ciudad de Quito, en la calle Vancouver, entre Italia y Alemania (3238207), a la vuelta de la Asociación Humboldt, es posible encontrar los siguientes títulos de Bolaño, tomen nota:

2666, edición en inglés: 22.77 usd
Los detectives salvajes:  edición en inglés 34 usd, edición en castellano (Anagrama): 18.97 usd

martes, 21 de diciembre de 2010

El curioso devenir de los libros

Pocos días atrás una gran amiga regresó del Brasil trayendo de vuelta un libro que alcanzó a meter en su maleta justo antes del viaje. Se trata de "El Palacio de los Sueños" de Ismail Kadaré. Más allá de las connotaciones psicoanalíticas del título, se trata de una magnífica disección de los recovecos del poder totalitario. En aquella dictadura esperpéntica, como todas las dictaduras, se hace una recopilación de los sueños soñados y de sus posibles presagios y consecuencias para el régimen. Las mejores páginas son, sin duda, aquellas en las que el lector puede seguir el curso burocrático de las evocaciones oníricas que una vez han sido recogidas y catalogadas son sometidas a un arduo proceso de interpretación. He aquí, en palabras de Kadaré, el propósito último del Tabir Saray -Palacio de los Sueños-:

"Hace ya largo tiempo que el mundo reconoció la importancia de los sueños y el papel que han desempeñado en el destino de los Estados y de quienes los gobiernan. Sin duda habrás oido hablar del Oráculo de Delfos, de los célebres nigromantes romanos. En los viejos libros se relatan los efectos beneficiosos de sus predicciones igual que el precio que hubo de pagarse cuando no las creyeron o lo hicieron demasiado tarde. (...) En una palabra esta secular tradición fue de gran importancia, pero resulta insignificante frente al formidable mecanismo del Tabir Saray. Nuestro Estado Imperial ha sido el primero en la historia del mundo en situar a tan elevado nivel la interpretación de los sueños, adjudicándoles rango institucional."

Más tarde señala:

"Todo lo que se muestra turbio y amenazante, o lo que pueda llegar a serlo al cabo de los siglos, manifiesta su proyecto primero en los sueños de los hombres. No existe pasión o pensamiento maléfico, adversidad o catástrofe, rebelión o crimen que no proyecte su sombra mucho antes de materializarse en el mundo. Por eso el soberano dispone que ningún sueño, aunque haya sido visto en el confín más apartado del Estado el día más anodino o concebido por el más insignificante siervo deba escapar a la vigilancia de nuestros funcionarios."

En efecto, en razón de un sueño (o un mal sueño) pueden decidirse detenciones y torturas. Los funcionarios pueden subir o bajar de nivel en la rígida estructura del gobierno, los soñantes pueden ser interrogados hasta el ultraje o pueden ser recibidos y homenajeados por el Soberano. La paranoia del poder absoluto se materializa en la maestría con la que el autor va desgranando los intersticios del absolutismo y sus métodos siempre deleznables (no se olvide que para ciertos regímenes lo importante es el fin y no los medios).

Es posible conocer más detalles de Kadaré en un magnífico artículo que le dedica el suplemento Babelia de el Periódico El País de España con motivo de haber recibido, el año pasado, el Príncipe de Asturias de las Letras.

Aquella amiga me comenta que medio en del tráfago de su viaje apenas tuvo oportunidad de abrir el libro y que el rostro contrito de Kadaré permaneció apuntando varios días hacia el techo de su habitación.

Mucho debo a los libros, mucho debo también a esa amiga que ha regresado del Brasil y lo curioso es que la singular conjunción de su viaje, el libro que traía entre sus manos y esta breve reseña me han recordado una práctica habitual en ciertos lugares. El bookcrossing, consistente en dejar abandonado un libro sobre la banca de la facultad, a la entrada de un establecimiento o en una estación de autobuses. La portada del programa de libros Pagina2 lo retrata perfectamente y les recomiendo que la vean.

Porque es cierto, a los libros también les gusta salir de paseo, conocer tierras extrañas, plantarse de cara frente a lejanos atardeceres, ser abrazados y puestos a buen recaudo, recibiendo con ello la recompensa apropiada por lo que encierran en sus páginas. Les gusta también que se les muestre el mundo y se les recuerde, de cuando en cuando, tal como hacía aquel profesor chileno, Amalfitano, trasunto de Roberto Bolaño en 2666, que en este mundo sobran las cosas por conocer y -tras colgar un texto de una alambrada a la intemperie- que a los libros siempre les viene bien, también, aprender cuatro cosas de la vida.

En la siguiente imagen "Austerlitz" de W.G. Sebald de paseo por la ciudad de Cuenca. (Por cierto la caja de cigarrillos que aparace en la fotografía no pertenece a este servidor que se declara para todos los efectos: progresista, feminista, deconstruccionista, antitaurino y por último no fumador y abstemio)



Estoy leyendo: Nocturnos de Kazuo Ishiguro (30 usd. en Mr. Books del C.C. El Jardín)

LOS LÍMITES DEL CUERPO EN EL CUENTO “LA DOBLE Y ÚNICA MUJER” DEL ESCRITOR PABLO PALACIO

Resumen: El presente ensayo tiene como objeto realizar una lectura del cuerpo y su inscripción en el discurso de lo marginal, a...