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domingo, 1 de enero de 2012

LIBERTAD, de Jonathan Franzen

Portada de Libertad, cuarto libro de Jonathan Franzen

La trama de Libertad, último libro de Jonathan Franzen, puede resumirse en el peculiar amor a tres bandas que sostienen durante décadas el matrimonio de los Berglund y el excéntrico músico Richard Katz. En el ínterin se percibe todo aquello que es materia del proverbial orgullo estadounidense de finales del siglo XX y principios del siglo XXI: democracia, clase media, autocomplacencia y desdén por la suerte del resto del mundo. El punto de inflexión, sin embargo, es un evento que cambiará para siempre las coordenadas de la historia, el atentado del 11 S.
A pesar de ello Libertad no aborda directamente el tema de los ataques del 2001, sino que retrata la sociedad que se configura antes del suceso y particularmente aquella que emerge después, poniendo énfasis en consecuencias como la polarización política y los extremismos, que introducirán en la cotidianidad de la sociedad norteamericana conceptos tan ambiguos como choque de civilizaciones, liberación del pueblo iraquí  y guerra contra el terrorismo.
La intención de Franzen es clara: narrar el mundo desde la posición de la familia blanca y acomodada, cuyas permisividades economicas harían palidecer de indignación al resto de los mortales. El resultado es curioso y a pesar de lo restrictivo del punto de mira, las páginas de Libertad resultan de lo mejor que se ha escrito a lo largo de esta década. El mundo entero cabe en la vida de Patty y Walter Berglund, de sus hijos Joey y Jessica, del músico Richard Katz –quien contraerá breves nupcias con una ecuatoriana de nombre Ellie Posada– y del variado entorno urbano y suburbano que los rodea, y que alberga por igual a supremacistas blancos, jóvenes progresistas, adinerados profesionales, fervientes defensores y opositores de la corrección política.
Es así como vamos desentrañando el carácter tímido y apocado de Patty Berglund, quien dedica su adolescencia entera a la práctica del baloncesto, hasta que una lesión la aparta de la misma. La violación que sufre a manos de un compañero y cuya denuncia será motivo de conflicto entre ella y sus padres, socios de la familia del agresor, delinea su carácter. El frustrado viaje que emprende junto a Richard Katz y del que emerge la relación con Walter, se convertirá en un hilo narrativo suelto que Franzen retomará cientos de páginas después para cerrar el círculo.
Walter Berglund, joven progresista, empeñado en resolver el problema de la superpoblación, cuyas resonancias malthusianas lo colocan siempre al borde de la incorrección política, sufre una constante mutación y dedicará su madurez a la paradójica fórmula de buscar apoyo para la preservación de una pequeña ave llamada la reinita cerúlea -que ilustra la portada de la novela-, mientras negocia la explotación minera a cielo abierto de millares de hectáreas.
Con Richard Katz nos encontramos, en cambio, frente a frente con el fetichismo roquero –guitarras eléctricas, anfetaminas, chompas de cuero-, es en su carne que se hace patente el doloroso proceso de relevo generacional y decadencia asociada a los productos de consumo masivo. Los constantes reveses, las idas y vueltas, los vacíos existenciales que atraviesa lo convierten en un ser escasamente confiable y lleno de arrebatos.
 Por las paginas de Libertad pululan varios de los arquetipos de la sociedad estadounidense: los jóvenes rubios que pasean por el mundo subidos a sus chancletas, las tarjetas de crédito, las corporaciones, los contratos millonarios, todo forma parte de este magnífico libro que parece haber esperado su momento –la era Obama- para pasar revista al pasado más inmediato.
Con Libertad Franzen, figura del Hay Festival de Cartagena, ha querido introducirse en la tradición de los escritores que buscan narrar de una vez por todas la gran novela norteamericana, y que abarca dos siglos en la historia de la literatura, iniciando con Moby Dick y que en décadas más recientes cuenta con verdaderos pesos pesados de la literatura, a saber, Saul Bellow, John Updike, Philip Roth, Toni Morrison. En esta obra Franzen bebe de las fuentes de las novelas decimonónicas del siglo XIX, en particular de Guerra y Paz, -que es citada varias veces mientras Patty Berglund se empeña en apurar su lectura justo antes de irse a la cama con Richard Katz-, para recrear un universo de eventos y personajes complejos, interrelacionados y caracterizados en una infinidad de detalles.

Franzen, como portada de Time, espacio que han ocupado escritores como Joyce, Nabokov o Toni Morrison

La palabra Libertad, el singular título de la obra, en la pluma de Franzen no deviene falazmente en un ideal, no es una conquista, es por el contrario la metáfora perfecta de una forma de vida compleja, enrevesada, ni buena ni mala, que está allí mismo y que debe pasar por el tamiz de la EXPERIENCIA LITERARIA para alcanzar el grado de comprensión que demanda cualquier acto humano.
La lectura es vertiginosa, escrita de forma compacta, con pasajes verdaderamente admirables –particularmente aquellos que hablan del encuentro de los personajes con su propia sexualidad-, Libertad sitúa a Franzen al frente de una magnífica generación de escritores norteamericanos, entre los que se encuentran el malogrado David Foster Wallace o Jeffrey Eugenides, herederos a su vez de autores de la talla de Tom de Lillo o de los citados Roth y Updike. En lo que refiere al capítulo de las críticas, Franzen ha despertado con su novela grandes simpatías y enormes ventas, pero también se ha hecho acreedor de encomiados enemigos, como el renombrado John Banville, autor de El Mar, novela que obtuvo el premio Booker del año 2008, quien en una entrevista se muestra marcadamente contrario al estilo Franzen y compara su obra con el papel para envolver los famosos bocaditos de comida rápida. 
Como sea, tanto por las posturas favorables como por las desfavorables, por los nombres que se alinean a un lado y al otro, no cabe duda que con este libro parece estar cocinándose algo importante en la literatura.
Hacia el final el texto se asoma a las puertas de la crisis económica, episodio que apenas deja entrever sus devastadoras consecuencias y que viene a ser, en tanto que contexto histórico de la publicación de la novela, una suerte de colofón redondo y perfecto de la época escogida por Franzen para insuflar de vida a sus personajes. No cabe duda que el mundo cambió a partir del 11 S y que lo hará en lo sucesivo, pero ese es un capítulo diferente, por lo que respecta al período que va desde los setenta hasta el primer año del gobierno de Obama, no cabe duda que Franzen ha logrado con Libertad un fresco barroco, totalizador y envolvente que nos acerca a la comprensión de una forma de vida, de una perspectiva del mundo -alguien se aventuraria a decir una weltanschauung- que excede con mucho los tópicos que se tienen de la sociedad estadounidense y que apuesta por narrar en palabras mayúsculas los avatares de la vida contemporánea.

Jonathan Franzen en su residencia de Nueva York

Dossier Franzen

Libertad, de Jonathan Franzen, Editado por Salamandra, 667 págs., puede encontrarse en Mr. Books, Librimundi o Libro Express, por 24,99 usd.


Estoy leyendo: La Torre, de Uwe Tellkamp

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Michel Houellebecq, El mapa y el territorio

  Houellebecq y la potada de El mapa y el territorio

La trágica muerte de Michel Houellebecq, degollado junto a su perro, no parece conmover demasiadas sensibilidades y la vida del pintor Jed Martin -protagonista de la novela- continúa sin más alteraciones hasta que la policía empieza a frecuentarlo para recabar su versión de los hechos. Previo a su deceso, el escritor francés ha optado por una suerte de retiro monacal en el que apabullado por la depresión y la soledad, rodeado de libros y escribiendo -a pesar de todo esribiendo-, participa en la elaboración del catálogo de la peculiar obra de su alter ego pictórico.

Así es El mapa y el territorio de Michel Houellebecq, una superposición de elementos reales y ficticios que alternan entre sí sobre una superficie tambaleante, acuosa. Así es también, sin más, la vida cotidiana que acorde a su talante desenfadado el autor de Plataforma y Las Partículas Elementales, propone a sus infortunados personajes y hace extensiva a su legión de lectores. En su nueva novela, acreedora del Premio Goncourt, nos presenta una obra en la que pasa revista a la Francia contemporánea a partir de las exploraciones visuales que realiza el ya citado Martin cuyo único asidero en este mundo son las nada envidiables cenas navideñas que comparte con su padre, un afamado arquitecto. Lo que sucede después, el salto al éxito, un par de tórridas aventuras, el comercio millonario de obras artísticas, nos permite recorrer los pasillos de la visión fatalista y pragmática que ya es marca de la casa.

En efecto, Houellebecq se mueve con ligereza cuando se trata de explorar zonas densas y propone una disección de la vida contemporánea que suele acabar de las formas más insospechadas. En todo ello, hay que mencionarlo, la ironía juega un papel relevante, aunque en esta ocasión parece hacerlo dentro del terreno de la corrección política y no ofrece pábulo a mayores polémicas. Es así que el mundo del arte y sus infinitas muestras e instalaciones que pululan sin cesar por salas y galerías se desnuda en manos del escritor francés y nos muestra su lado menos conmovedor y más comercial.

De ello cabe inferir que no es anecdótico, sino más bien simbólico, el asombro que siente el protagonista, cuando en la presentación de su obra observa a numerosos desconocidos cruzando palabras ante sus cuadros y fotografías, mientras que él mismo, siguiendo a pies juntillas las indicaciones de la directora de comunicación de la galería -una mujer de gafas gruesas y aspecto de lesbiana intelectual, apunta desdeñoso Houellebecq-, es forzado a mantenerse en el más odioso de los silencios. Su obra no le pertenece, ha mudado de corteza aún antes de cambiar de manos y son los especialistas, los curadores, quienes tienen la última palabra.

El título no deja lugar a dudas, es la posibilidad de la representación, de la mutación que sufren los objetos en tanto que motivo de estudio, -el mapa reinventa el territorio- la que actúa en el centro de la obsesión de Jed Martin y le provee sus numerosos éxitos. Primero se trata de una serie de fotografías sobre pernos, llaves y tuercas, luego, empleando el mismo lente de la cámara, una exposición alrededor de los mapas y las guias Michelin -aquellas que distinguen a restaurantes y establecimientos con las famosas y ansiadas estrellitas-, luego los numerosos cuadros hiperealistas de personalidades como Steve Jobs y Bill Gates. Es, no obstante, hacia el final de su vida, y del libro, que Martin formula una brevísima e interesante forma de abstracción artística, al valerse de numerosas bandas video -como las llama- para crear amplios planos en cuya exposición los "objetos industriales parecen ahogarse, gradualmente sumergidos por la proliferación de capas vegetales...
...A veces dan la impresión de debatirse, de que intentan volver a la superficie; después los arrastra una ola de hierbas y hojas, se hunden en el magma vegetal, al mismo tiempo que su superficie los disgrega y revela los microprocesadores, las baterías, las tarjetas de memoria..."


Hoeullebecq se muestra feliz encarnando el infaltable papel de enfant terrible de las letras francesas

En la obra de Houellebecq el mundo se muestra descompuesto, fracturado, adverso, arrasado por numerosas crisis. Y es desde la perspectiva de la voz narrativa -situada varios años en el futuro- que todo parece despeñarse en el abismo o rehacerse al último minuto. Finalmente los objetos, las instituciones, todo -excepto los ínfimos proyectos vitales de los habitantes de este planeta-, permanece y avanza en un curioso devenir circular.

Houellebecq juega a dos bandas con la idea de su propia muerte, primero planteando el escabroso asesinato de su avatar literario y luego imponiendo a Jed Martin un destino laxo y reposado, -que puestos a hablar en serio parece más el final apropiado de un escritor tan misántropo como lo es él mismo-. Y desarrolla a partir de ello una de los temas más relevantes de su literatura, el de que toda vida encierra en sí misma una oportunidad -y una sola- de interpretar y habitar el mundo. Nada invalida una existencia, ni el hedonismo, ni la saciedad, ni la depresión, ni la violencia, ya que después de ello simplemente no existe nada.

La suya, sobre todo en este libro, es una literatura utilitaria, nada barroca ni preciosista, y durará seguramente lo que dure el mismo Houellebecq, quien con sus aspavientos y polémicas es el vehículo más apropiado para la puesta en movimiento de los engranajes editoriales -no olvidemos que durante semanas, justo después de la publicación del texto, el mismo autor anduvo desaparecido, sin dar señales de vida, en el preciso instante en el que empezaban a difundirse detalles de su obra y se conocía poco a poco, y a veces entre nerviosas sonrisitas, la terrible muerte de su personaje-. Houellebecq lo ha hecho de nuevo, ha ampliado la legión de sus fervientes seguidores y ha obtenido a la par enormes ganancias, tal como le sucede a Jed Martin con sus cuadros, otorgando con ello y con su imprescindible aura de enfant terrible, una sólida e inapelable victoria al pragmatismo que nos invade.


El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq, Ed. Anagrama, 377 págs. Puedes encontrarlo en Mr. Books del Quicentro por 34,40 usd.

lunes, 19 de septiembre de 2011

AUTO DE FE, de Elías Canetti

  Canetti y la portada de su ùnica novela

    Con Auto de Fe, de Elías Canetti, no hay concesiones. Se trata de una novela compleja, enrevesada y cargada de la sensibilidad agobiante y trágica de los años previos a la segunda guerra mundial. Advertir en cada una de sus páginas la neurosis y la permanente amenaza física, en la que viven y sucumben todos sus personajes, equivale a tomar el pulso a una sociedad que deviene paulatinamente en un campo de batalla. La visión es estremecedora, por sus páginas desfilan enfermos mentales, vagabundos, estafadores, buhoneros, tullidos y todo el panorama residual de las sociedades.
    No obstante aquel agobio ambiental es sólo uno de los hilos argumentales que cruzan el texto. A ello es necesario sumar los elementos propios de la trama, el conflicto entre los personajes, la pavorosa caída de Kien, el personaje central, que terminará convertido en una antorcha humana al inmolarse con su enorme biblioteca privada de más de 25.000 volúmenes, que convertidos en metáfora, hablarán por adelantado de las desgracias que estaban por cernirse sobre el continente europeo. Un poco de contexto: hacia 1933 los nazis toman el poder en Alemania. A la par del galopante ascenso de los fascismos, y contraponiendo un peso igualmente temible, el totalitarismo soviético parece equilibrar tímidamente la balanza tornando en ambos casos no sólo viables, sino deseables las decisiones de última instancia, los grandes movimientos geopolíticos y el ocaso real y verificable de numerosos pueblos.
    Las páginas más terribles son, sin duda, aquellas en las que la violencia se hace carne. El portero, un sujeto infame, se regodea de forma constante en la amenaza que ejerce sobre las mujeres a las que en último término se propone violar o golpear hasta la humillación. Fischerle, un arquetipo del judío, equiparable por momentos al famoso Juden Suss que popularizó la propaganda nacionalsocialista, igualmente deleznable y kitch, perece de forma terrible, en la víspera de su viaje a América, con la joroba cercenada. Todo ello teniendo como telón de fondo la imagen del famoso y encomiado Herr Doktor, Doktor Peter Kien, una suerte de Doktor Fausto a lo Thomas Mann, representaciòn de aquella estirpe sobradamente intelectual y aristocrática, divorciada del mundo y cómplice de los peores arrebatos del poder.
    En efecto, es Kien, el más grande de los sinólogos vivos, la persona que encarna a la perfección todo el caos, la soberbia y la ceguera imperantes. En las páginas finales y confirmando la permanente atmósfera de misoginia que envuelve la obra, sumido ya en un peculiar delirio, se despacha con un curioso monólogo sobre las mujeres, rescatando una serie de referencias históricas vertidas por pensadores y filósofos. La mujer es aborrecible y prescindible. La mujer es detestable, representa al pecado y la perdición. La misma Teresa, su esposa y otrora ama de llaves, se convierte en el origen de todos sus males. Poco después el delirio se condensa y alcanza nuevos matices, apostado ante la mirilla que el portero ha practicado para reconocer a cuanto indeseable se posa junto a su gabinete, Kien sucumbe ante lo que ha tomado por alucinaciones visuales y acústicas y procede a la mutilación de uno de sus meñiques y a la asfixia de cuatro canarios que lo atormentan con su canto. Kien ha perdido la razón, el soberbio entramado intelectual se tambalea, si la racionalidad falla en su comprensión del mundo ya solo queda lugar para los temores más intensos, las fobias, el odio y la muerte.
    No obstante a lo largo de las más de seiscientas páginas de la novela hay momentos brillantes, hilarantes, jocosos. Un discurso de Kien a sus libros con el propósito de cerrar filas en aras de no sucumbir al mezquino deseo de Teresa que pretende negociar con ellos, solventado con la idea salomónica de voltearlos sobre sus lomos, para que todos resulten similares, inidentificables, escasamente interesantes; divagaciones y ensoñaciones enfermizas sobre libros torturados, -no sólo descuadernados y raídos, sino sometidos a cruentos tormentos inquisitoriales-; verdaderas alucinaciones a cargo del jorobado Fischerle que pretende escapar a América con el propósito de vivir atiborrado de lujos y enfrentar y derrotar al maestro José Capablanca en memorables disputas ajedrecísticas.
    El mérito de Canetti radica en que a pesar de su juventud, 30 años, logra convertir una novela enrevesada en un ejercicio personalísimo de revisión de su entorno, a la par que una válvula de escape para sí mismo. Después del breve entusiasmo posterior a su publicación, Auto de Fe permanece ignorada durante largas décadas, no obstante la prolijidad y laboriosidad de su autor se mantienen inalterables, en 1960 verá la luz su obra cumbre, una suerte de ensayo entre la sociología y la literatura Masa y Poder, y en 1981 Canetti recibirá el Premio Nobel. Puede alguien imaginar una trayectoria tan brillante prescindiendo de un texto que actúa, primero desde el olvido y luego a partir de entusiasmos aislados, como piedra angular de una personalísima, agobiada y luminosa visión literaria.
    Canetti no es Kafka, la apología que en el checo se resuelve de manera introspectiva, denotando un universo interior marcado por el silencio, en esta novela es brutalidad manifiesta, exaltación de lo grotesco, sorna e ironía. Canetti no es Thomas Mann, aquello que en el autor de la Montaña Mágica camina hacia la perfecta simetría, en el búlgaro parece descuadrarse y perder el equilibrio. Canetti no es Tolstoi, pero es capaz de ofrecernos un magnífico fresco de su época. Canetti, ese autor (un escritor para escritores) al que a pesar de su complejidad y densidad es necesario leer asiduamente y tener presente, es capaz, en esta novela, de capturar y sintetizar un mundo agobiado y deshecho, un mundo en llamas como el que ilustra la portada de la Ediciòn de DeBolsillo, de tonalidades rojas y amenazantes, un mundo extenuado que perturba al lector con su desfile de cuerpos marginales, miradas contraídas y rostros deshechos.


 Dulle Griet, pintura de Brueghel que ilustra la portada en la ediciòn DeBolsillo

sábado, 19 de febrero de 2011

ILUSTRADO, de Miguel Syjuco

El autor filipino Miguel Syjuco y su aclamada novela traducida a 19 idiomas


Existe algo de Roberto Bolaño en ILUSTRADO del autor filipino Miguel Syjuco. De Bolaño y por añadidura de Borges, hay que decir. Ambientada durante buena parte en una ciudad de Manila en la que se agolpan los vehículos, el ruido pulveriza cualquier proyecto personal, el caos agota el paisaje y un peculiar exotismo como de postal cinematográfica invade las esquinas. Los relatos, metarrelatos y juegos literarios abundan para recrear un panorama basto del único país hispano de Asia. Hispano, en efecto, como México o Argentina, porque hay que decir que el autor tiene, al parecer, un gran afecto por Latinoamérica y una gran admiración y conocimiento de su literatura. Una buena mañana Crispín Salvador, tal es el nombre del personaje central, aparece flotando sobre las orillas del río Hudson tras pasar largos años de exilio en Nueva York y justo antes de publicar su novela "Los Puentes en Llamas", dejando a su público y en particular a su discípulo Miguel Syjuco -arropado por el aura de ser a la vez creador y creatura- relamiéndose por conocer los detalles de la que estaba destinada a ser la obra máxima de la literatura filipina.

¿Literatura filipina? En efecto, una materia complicada incluso para el experto que deberá consultar manuales y textos especializados, pero que con Ilustrado alcanza un lugar propio en la geografía literaria. Familias poderosas, caudillos trasnochados, retazos del colonialismo español y del norteamericano, esperpento político y ensordecedor agobio ambiental, pero también risa, ironía, ingenio y habilidad. El mismo nombre de la novela nos da pistas para desentrañar el carácter estático y anquilosado que impera en la clase intelectual y las instituciones filipinas -impagable la secuencia montada alrededor de una infructuosa tertulia literaria-: Ilustrados, en español, son los intelectuales que abandonaron el país asiático para recibir la formación racionalista y conservadora del siglo XIX europeo y que de vuelta a su tierra se posicionaron ventajosamente en la administración del estado.

La trama de la novela puede resumirse, sin ánimo de revelar ningún detalle comprometedor, en la siguiente línea: el exilio y silencio de un escritor, una obra perdida, tragedias familiares, búsqueda agotadora y agobiante de los vestigios evanescentes de la identidad. Demasiadas coincidencias para pasar de largo respecto de la influencia -reconocida abiertamente por Syjuco- de autores bastante difundidos en este rincón del mundo. Si con Los Detectives Salvajes y con 2666, novelas igualmente fragmentadas, Bolaño alcanzaba la gloria póstuma, con Ilustrado que lleva la fragmentación hasta el delirio, Syjuco logra hacerse con la admiración unánime de la crítica, llevándose el Man Asia Literary Prize y el presitioso Palanca Award. "Puedo asegurar que muy pocas veces he tenido plena certeza de que no me equivocaba, de que Miguel Syjuco era el joven autor de una novela que sería importante  y marcaría un hito en la gran historia de la literatura universal", ha señalado por su parte Beatriz de Moura, Editora de Tusquets, cuya página web nos ofrece gratuitamente las primeras 40 páginas del libro.

A manera de repaso sobre la memoria de una largo retazo del siglo XX, -para los filipinos la centuria de los colonialismos, la invasión japonesa, los movimientos revolucionarios, la dictadura de Marcos, el advenimiento de Corazón Aquino-, se desprende uno de los hilos narrativos, que al igual que la técnica tan célebre de los vasos comunicantes empleada asiduamente por Mario Vargas Llosa, procura un avance acompasado y simétrico de las diferentes tramas sin dilatar innecesariamente el ritmo. Historia de un país, a la vez que relato personal, uno de los párrafos que captura de mejor manera esta visión superpuesta -y a la vez poética- de la historia filipina, en voz de Crispín Salvador, y de Miguel Syjuco cabe recalcar, es el siguiente:

Los soldados se detuvieron en seco al ver a mi madre salir a la puerta armada con lo más potente que encontró a mano: la antigua escopeta de caza de mi abuelo (...) Mamá levantó el arma y apuntó hacia ellos. Pero la escopeta se encasquilló y los japoneses estallaron a carcajadas. Entonces se acercaron a ella, uno bajando la bayoneta y el otro desabrochándose ya la correa. Mientras Lena y Narcisito se quedaban expectantes en la puerta, yo me arrojé al frente, con mi cuerpecito de ocho años, para interponerme entre los japos y mi madre, y exclamé a voz en grito, en nipongo, con palabras que ignoraba que supiera: "yagate shini / Keshiki ha miezu / semi no koe". Dos de los soldados se echaron a reir y siguieron avanzando hacia nosotros. El de la espada, sin embargo, pensativo de pronto, los detuvo a voces. Los tres se dieron la vuelta y se perdieron de vista en el bosque que se extendía a espaldas de la casa. Sólo años más tarde recordé que aquellas palabras eran un haiku de Basho, que había aprendido cuando niño: "Nada en el canto / de las cigarras / apunta a que la muerte las ronde".   (Crispín Salvador, Autoplagiario, página 1063. Miguel Syjuco, Ilustrado, página 306)

Portadas de las ediciones española, norteamericana, sueca, australiana y canadiense de Ilustrado

Traspasada de ficción, la vida del propio Miguel Syjuco -el verdadero Miguel Syjuco- nos parece sacada de una novela. Nacido en 1975, original de Manila y heredero de una importante dinastía política que ha ocupado altos cargos en diferentes gobiernos de las islas, parecía destinado a suceder a su padre al frente de los negocios familiares y de sus intereses políticos, pero una oportuna decisión lo llevará a estudiar literatura inglesa en una universidad local y a continuar su preparación al otro lado del mundo, en la universidad de  Columbia. Sus prácticas en las revistas The New Yorker y The Paris Review, como lector de manuscritos, lo acercan al centro mismo del proceso creativo y lo devuelven a la senda de su vocación primordial. Fruto de ello son los complejos personajes que pululan por sus páginas, empezando por el propio Crispin Salvador y pasando por la vedette Vita Nova. Los Puentes en Llamas, Seis Vidas Vividas, El Hijo Pródigo, Manila Noir, son las numerosas obras ficticias que sirven de soporte para el avasallante desarrollo, por más de 350 páginas, de una trama que en el capítulo final dará un vuelco sorprendente.

Entretanto las traducciones y los reconocimientos se multiplican. Invitado en el reciente Hay Festival de Cartagena, la figura de Miguel Syjuco fue ensalzada como una de las mejor valoradas por el público, recibiendo el calor y apoyo de la gente que ha tomado nota de su obra y lo acoge como uno de los nuestros: un verdadero autor hispano. Lo cierto es que a día de hoy, este escritor asiático, de nombre español, apellido japonés, establecido en Canadá y que puede leerse ya en 19 idiomas, parece llevar en los genes las claves de la literatura del futuro: hibridismo, mestizaje y fragmentación.

Con Miguel Syjuco, la literatura tiene una apuesta segura a largo plazo. Según ha trascendido se encuentra trabajando ya en su segunda novela que versará sobre una familia muy similar a la suya: enorme, caótica y comprometida políticamente, lo que vale decir propensa al caos y la corrupción. Resulta difícil pensar que repetirá el éxito alcanzado con su ópera prima, porque Ilustrado es el resultado de la total madurez de un motivo vital que estalla encontrado el cauce apropiado: la estructura, la forma, el lenguaje. En literatura el paso del tiempo resulta siempre favorable, impone ritmos dilatados y dota de perspectiva y serenidad a la trayectoria de cualquier autor. Hay que aguardar ansiosamente su segundo libro, pero también con sobriedad. Lo mejor de Syjuco llegará, sin duda, a lo largo de las próximas décadas y quizá ayude a confirmar el singular aunque nada disparatado vaticinio del periódico ingles The Times, según el que "a diferencia del infortunado Crispin Salvador, Miguel Syjuco quizá se alce, algún día, con el Premio Nobel de Literatura".

ILUSTRADO, de Miguel Syjuco, 31,80 usd en Mr. Books del C.C: El Jardín.

LOS LÍMITES DEL CUERPO EN EL CUENTO “LA DOBLE Y ÚNICA MUJER” DEL ESCRITOR PABLO PALACIO

Resumen: El presente ensayo tiene como objeto realizar una lectura del cuerpo y su inscripción en el discurso de lo marginal, a...