miércoles, 31 de agosto de 2011

¿Qué razón les quedaría a los griegos para vivir?


Por oposición al tráfago de las oficinas, a las insufribles carreteras y avenidas, aquellas en las que cientos de vehículos cruzan a toda velocidad acechando a los viandantes, a las veredas siempre atestadas de gente, y sobre todo, en medio de la crisis financiera que se abate sobre el mundo y que según los expertos, más temprano que tarde, llegará por estas tierras; en la cuna del capitalismo, a escasos kilómetros de la city londinense, (Gran Bretaña, una nación de tenderos, según Adam Smith y/o Napoleón Bonaparte) se prodigan tendencias contemplativas y espirituales, además de cierta pasividad e introspección monacal, todo por cierto, lejos de cualquier denostada tendencia New Age. En la Idler Academy "está prohibida la jerga corporativa, la productividad y las presentaciones de Power Point. Aquí se bebe vino (bueno, y no tanto), se discute a la manera dialéctica y se organizan simposios de filosofía griega", señala su entusiasmado fundador. Las consecuencias resultan previsibles: "Tengo una casa barata, un coche de mierda, y no piso un restaurante" concluye su compañero de travesía. Sin embargo, en caso de apostar por un estilo de vida, tanto estudiantes como maestros apelan por conservar la salud mental, y escapar en forma permanente y definitiva del "yugo laboral". Un verdadero sueño en estos dìas. El peculiar artículo, de evidente carácter ameno, aparece en la edición digital del periódico El Pais de España:


"En estos tiempos difíciles, un puesto de trabajo fijo es tan valioso como un décimo premiado con el gordo. No para Tom Hodgkinson, fundador de la Idler Academy. Británico de 43 años, dirige una escuela en Londres dedicada al arte de la vagancia donde se enseña a huir del yugo laboral.
"Quiero trabajar, pero manteniendo mi salud mental", dice un alumno
El director ha recibido críticas por animar a la gente a dejar sus empleos
En el diminuto y coqueto local del barrio de Notting Hill no se estudia nada considerado útil para el trabajador. Está prohibida la jerga corporativa, la productividad y las presentaciones de Power Point. Aquí se bebe vino (bueno, y no tanto), se discute a la manera dialéctica y se organizan simposios de filosofía griega, conciertos de música medieval o -previo pago de entrada- lecciones en reparación de objetos. Sus instalaciones además hacen las veces de librería y café. "La programación no sigue un criterio fijo, solo intentamos alejarnos de la superchería new age y de la autoayuda", explica su director por teléfono desde su granja en el condado de Devon.
La doctrina de la Idler Academy ha atraído a literatos como Will Self o rockeros como Johnny Borrell, líder de Razorlight. Pero la realidad es que la mayor parte de los habituales frecuentan el lugar con la esperanza de mejorar sus vidas. Como Eric Murphy, un bien vestido padre de familia de 39 años que perdió su puesto de director de ventas en una empresa de productos tecnológicos. Al quedarse en el paro, montó su propia empresa de aplicaciones para móviles. "La idea es mantener un negocio sostenible, sin estafar a la gente y con la posibilidad de organizar mi propio tiempo. Tengo ganas de trabajar, pero manteniendo mi salud mental".
Johanna Troha, de 23 años, es voluntaria en la escuela. Su sueldo se lo gana en un vivero. A esta recién licenciada en letras clásicas no le asusta mencionar en su currículo su experiencia promocionando la holgazanería: "Cuando dejé la universidad, empecé a buscar trabajo y me entró el pánico. Me deprimía que la vida se redujese a ir de la oficina a la cama. Pero aquí te dicen que está bien no comulgar con eso".
El antecedente de la academia es la revista anual The Idler, establecida en 1993 por Tom Hodgkinson y su amigo Gavin Pretory Pinney, que ha publicado libros sobre la observación de nubes y olas. La publicación toma su nombre de unos ensayos dieciochescos del autor británico Samuel Johnson y tiene como lema "celebrar la creatividad en contra de la esclavitud de los salarios". Sus páginas recogen artículos sobre cómo conseguir despido con indemnización o cómo disfrutar de los placeres gratuitos.
Tras licenciarse, Hodgkinson trabajó como dependiente vendiendo discos y monopatines, y como documentalista del Sunday Mirror. Tras dos infelices años en el periódico, fue despedido. En ese momento fundó The Idler: "Quise encontrar otra manera de ganar dinero lejos de la oficina".
Contrariamente a lo que piensa la gente, este padre de tres hijos trabaja. Edita la revista, escribe libros, organiza la academia y mantiene una columna en el diario The Independent. "Tengo una casa barata, un coche de mierda y no piso un restaurante. Ser funcionario tiene muchas ventajas; yo me moriría de aburrimiento. Prefiero la bohemia". Según sus recomendaciones vitales, seríamos más felices dedicando tiempo al estudio de Platón, Sócrates y Aristóteles. Quedando con amigos, montando fiestas, cultivando verduras o aprendiendo a tocar un instrumento. "Si dedico energías a reflexionar y hacer otras cosas puedo terminar mi columna en media hora", defiende.
Hijo de periodistas, ha recibido multitud de críticas que le acusan de animar a la gente a abandonar sus puestos de trabajo en un momento en el que las cifras del paro se han disparado: "Quiero mostrarles que pueden trabajar por su cuenta", se defiende. Define la coalición liberal-conservadora que actualmente gobierna Reino Unido como "menos opresiva" que los anteriores ejecutivos laboristas. Pero muestra simpatía por las vilipendiadas naciones del sur de Europa. "Me parece terrible que se forzara a España a pasar por el aro y a endeudarse para formar parte del sistema capitalista global. Ahora la acusan injustamente de imprudente".
Olvidémonos de los draconianos ajustes económicos. Lo que realmente preocupa a Hodgkinson es la desaparición de las fiestas de guardar y el santoral: "Los puritanos de los alemanes exigen a Grecia que suprima todos sus días festivos a cambio de auxilio financiero. ¿Qué razón les quedaría a los griegos para vivir?"."

Estoy leyendo: "Auto de fe", de Elìas Canetti

miércoles, 18 de mayo de 2011

Lo nuevo de Tolstói Librería Independiente para Mayo

  Imagen casi onírica de las repisas de Tolstói Librería Independiente

A continuación el listado de textos que puedes encontrar en las repisas de Tolstói Librería Independiente, atiborradas en este mes de mayo con lo mejor de la literatura, filosofía y sociología. Por cierto, he apartado ya un par de libros que tras una larga búsqueda he encontrado únicamente en el local de la Vancouver, entre Italia y Alemania. Se trata del célebre Manifiesto Contrasexual de Beatriz Preciado y Todo se sesmorona de Chinua Achebe, de quien se dice, debió recibir ya el Nobel, aunque por el momento debe conformarse con el nada deshonroso Man Booker International, que ya recibió Ismail Kadaré y que acaban de conceder a Philip Roth. En fin, demos paso a los libros:

CORRESPONDENCIA Tolstói, Lev
¿Qué significa hablar? Bourdieu, Pierre
Cuestiones de sociología Bourdieu, Pierre
Nacimiento de la biopolítica Foucault, Michel
El guión Mckee, Robert
La preparación del director
Trabajar con Grotowski sobre las acciones físicas
Bosquejo de una teoría de las emociones Sartre, Jean-Paul
Suicidios ejemplares Vila-Matas, Enrique
La sinagoga de los iconoclastas Wilcock, Rodolfo
Del bisonte a la realidad virtual Gubern, Roman
Las sabidurías de la antigüedad (I) Onfray, Michel
El cristianismo hedonista (II) Onfray, Michel
Los ultras de las luces (IV) Onfray, Michel
Política del rebelde Onfray, Michel
¿Qué es la filosofía? Deleuze, Gilles
El emperador Kapuscinski, R.
Nocturno de Chile Bolaño, Roberto
De qué hablamos cuando hablamos de amor Carver, Raymond
Miedo y asco en las Vegas Thompson, Hunter S.
La conjura de los necios Kennedy Toole, John
Los sinsabores del verdadero policía Bolaño, Roberto
Intervenciones Houellebecq, Michel
¡Tierra! Benni
Manifiesto contrasexual Preciado, Beatriz
Sostiene Pereira Tabucchi
Alguien voló sobre el nido del cuco
El libro de las ilusiones Auster, Paul
Lecciones para una liebre muerta Bellatin, Mario
2666 Bolaño, Roberto
Estrella distante Bolaño, Roberto
Las partículas elementales Houellebecq, Michel
Catedral (compactos) Carver, Raymond
Psicoanálisis y feminismo
La semiósfera II Lotman, Iuri
La guerra civil española
Mi vida: memorias de un revolucionario permanente Trotsky, León
EL TERCER CHIMPANCÉ Diamond, Jared
Sobre la fotografía Sontag, Susan
Estilos radicales Sontag, Susan
Cuestión de énfasis Sontag, Susan
Todo se desmorona Achebe, Chinua
El gran Gatsby Fitzgerald
Muerte en la tarde Hemingway, Ernest
Primavera negra Miller, Henry
Doktor Faustus Mann, Thomas
Tipos piscológicos Jung, C. G.
La imaginación Sartre, Jean-Paul
Libros y libreros en la Antigüedad Reyes, Alfonso
Conocer Varela, Francisco
Las incertidumbres del saber Wallerstein, Immanuel
1001 libros infantiles que hay que leer antes de crecer
¿Cómo es posible el orden social? Luhmann, Niklas
Prosa completa Pizarnik, Alejandra
Poesía completa Pizarnik, Alejandra
Diarios Pizarnik, Alejandra
El cementerio de Praga Eco, Umberto
La broma infinita
Del sentir Perniola, Mario
Cuaderno de Talamanca Cioran, E.M.
Nietzsche, la genealogía, la historia Foucault, Michel
Gog Papini, Giovanni
La arqueología del saber Foucault, Michel
El desarrollo de la teoría antropológica Harris, Marvin
Antropología estructural Lévi-Strauss, Claude
Nosotros y los otros Todorov, Tzvetan
La conquista de América Todorov, Tzvetan
Historia de la sexualidad I Foucault, Michel
Cuadernos de notas (1913-1916)
Principios metafísicos de la lógica
La fábrica del bien
Soledad, pertenencia y transferencia
La escuela de Frankfurt
Teorías del universo Vol. III De Newton a Hubble
El vuelo mágico y otros ensayos Eliade, Mircea
Re-imaginar la psicología Hillman, James
Pasado y pensamientos
Opio en las nubes Chaparro Madiedo, 
Los arquetipos y lo inconsciente colectivo (rústica) Jung, C. G.
Psicología y alquimia (tapa dura) Jung, C. G.
Una nueva filosofía de la luna Eliade, Mircea
La dinámica de lo incosciente (tapa dura) Jung, C. G.
La vida simbólica II (tapa dura) Jung, C. G.
Fragmentarium Eliade, Mircea
La isla de Eutanasius Eliade, Mircea
Arcoiris de la gravedad (Fábula) Pynchon, Thomas
Bajo el volcán (Fábula) Lowry, Malcolm
Tiempos líquidos Bauman, Zygmunt
El jardín de la señora Murakami Bellatin, Mario
El orden del discurso (Fábula) Foucault, Michel
Balas de plata (Fábula) Mendoza, Élmer
Historia del ojo Bataille, Georges
El hombre que amaba a los perros Padura, Leonardo
Imágenes (fábula) Bergman, Ingmar
Breviario de los vencidos (Fábula) Cioran, E.M.
El ocaso del pensamiento (Fábula) Cioran, E.M.
Escrito en la arena Hesse, Herman
El pesa-nervios Artaud, Antonin
LOS CONFINES DEL MUNDO
TRILOGIA SUCIA DE LA HABANA Gutiérrez, Pedro Juan
EL HOMBRE QUE INVENTO MANHANTA Loriga, Ray
PAN Hamsun, Knut
EL REY DEL INVIERNO     

















martes, 8 de marzo de 2011

A 4 manos. El imposible libro de Mario Vargas Llosa y Gabriel Garcìa Màrquez

García Márquez y su ojo morado

No cabe duda que con anterioridad al 12 de febrero de 1976, día en que Mario Vargas Llosa propinó a Gabriel García Márquez el célebre puñetazo que acabaría con una amistad de nueve años, la relación entre los dos autores, galardonados posteriormente con el Premio Nobel, marchaba por buen camino. Uno de los capítulos màs interesantes apunta a la confección fallida de un libro a cuatro manos sobre el conflicto militar que en el año de 1938 enfrentó a sus respectivos países. La primera y segunda mano, a cargo de Vargas Llosa habrían reconstruido la versión peruana del asunto, mientras que las dos restantes, las de García Márquez -las mismas que dieron forma a Cien Años de Soledad, El Amor en los Tiempos del Cólera y otras grandes novelas de la literatura contemporánea- habrían aportado la versión paisa de la iniciativa.

Una verdadera lástima que el proyecto no llegara a oidos del evanescente Marcelo Chiriboga, único autor ecuatoriano que participó de las delicias del famoso Boom Latinoamericano, -muerto años después por la pluma de Carlos Fuentes- y que habría encandilado el relato aportando la quinta y quien sabe si la sexta mano delineando la versiòn nacional de los conflictos territoriales que desangraron a los tres paìses allá por los años 20, 30 y 40 del siglo pasado. A continuación la interesente nota, publicada en el diario La Vanguardia:


"Los dos premios Nobel vivos de la lengua española, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa planearon, en los años sesenta, escribir una novela a cuatro manos, finalmente nonata. El tema no puede parecer más jugoso: la guerra entre Colombia y Perú que tuvo lugar en los años 1932 y 1933. García Márquez debía escribir la parte ambientada en Colombia, y Vargas Llosa hacerse cargo de la peruana. Las cartas que se conservan en los archivos de la Universidad de Princeton (Nueva Jersey, EE.UU), enviadas por el colombiano al peruano, otorgan luz sobre detalles de este proyecto que no arribó a buen puerto.
El propio Vargas Llosa contaba a este diario, poco antes de recibir el premio Nobel el pasado mes de octubre, que “en París, cuando trabajaba en la radiotelevisión francesa, un día recibí de la editorial Julliard la novela Pas de lettre pour le colonel, y así descubrí a García Márquez, en francés. Desde entonces supe de él. Al publicar yo La ciudad y los perros, recibí una carta suya, y empezamos a escribirnos, e incluso planeamos escribir esa novela a cuatro manos sobre la guerra peruano- colombiana, un proyecto que finalmente quedó en nada. Hablábamos de ello, cambiábamos ideas. Se trataba de una guerra fantochesca por un pedazo de la Amazonia, pero era más divertido hablarlo que realizarlo”.
La idea fue de García Márquez, quien, el 20 de marzo de 1967, le revela a su amigo que, en septiembre, se trasladará a vivir en Barcelona. Le cuenta, asimismo, que ha acabado de corregir las pruebas de imprenta de Cien años de soledad y que, a última hora, ha cambiado la escena de un burdel de Macondo “sospechosamente parecida a cierto burdel de Piura”, es decir, el que da título a La casa verde, obra amazónica del peruano que acababa de leer y que, por lo visto, le influyó demasiado. “La coincidencia del burdel –prosigue– me ha inspirado una idea que tarde o temprano tendremos que llevar a cabo tú y yo: tenemos que escribir la historia de la guerra entre Colombia y el Perú. En la escuela, nos enseñaron a romper filas con un grito: ‘¡Viva Colombia, abajo el Perú!’”. Para convencer al joven Vargas Llosa, un persuasivo García Márquez le desgrana una serie de hechos reales que parecen extraídos de novelas del realismo mágico, y que habrían acabado siendo capítulos del libro: “La mayoría de las tropas colombianas que mandaron a la frontera se perdieron en la selva. Los ejércitos enemigos no se encontraron nunca. Unos refugiados alemanes de la primera guerra mundial, que fundaron Avianca, se pusieron al servicio del gobierno y se fueron a la guerra con sus aviones de papel de aluminio. Uno de ellos cayó en plena selva y las tambochas –hormigas venenosas de cabeza roja– le comieron las piernas: yo lo conocí más tarde, llevando sus condecoraciones en silla de ruedas. Los aviadores alemanes al servicio de Colombia bombardearon con cocos una procesión de Corpus Christi en una aldea fronteriza del Perú. Un militar colombiano cayó herido en una escaramuza, y aquello fue como una lotería para el gobierno: llevaron al herido por todo el país, como una prueba de la crueldad de Sánchez Cerro –el presidente peruano–, y tanto lo llevaron y lo trajeron, que al pobre hombre, herido en un tobillo, se le gangrenó la pierna y murió. Tengo dos mil anécdotas como estas. Si tú investigas la historia del lado del Perú y yo la investigo del lado de Colombia, te aseguro que escribimos el libro más delirante, increíble y aparatoso que se pueda concebir”.
Vargas Llosa contestó que sí. El 11 de abril de 1967, Gabo le escribe: “...cuánto me alegra que te guste la idea del libro a cuatro manos. A mí me parece fascinante, y creo que difícilmente se puede concebir una fábula más inverosímil y desternillante que este esperpento histórico. La posibilidad de dinamitar la patriotería convencional es sencillamente estupenda. Hace muchos años tengo la idea en la cabeza, pero me negaba a ponerla en práctica mientras no encontrara un cómplice peruano, porque de estemodo la traición es completa, por partida doble, y simplemente sensacional”.
García Márquez entra en consideraciones técnicas: “Hay que tratarlo con la tranquila objetividad de un reportaje, con recursos y técnicas puramente periodísticos, y con una seriedad y una abundancia de datos que dejen a los mojigatos clavados a la pared. Yo haré toda la historia del lado de Colombia y tú la del Perú. Prácticamente, lo único que tendremos que hacer en común es el cotejo de algunos episodios, para que no haya contradicciones”.
La novela, ligada a los hechos, iba a estar sustentada en una teoría conspiratoria: “...es probable que Sánchez Cerro y nuestro Olaya Herrera –el presidente colombiano– se hubieran puesto de acuerdo para hacer esta guerra, que había de consolidarlos a ambos en el poder”. Olaya Herrera, según explica García Márquez, “era el primer presidente liberal después de 45 años de hegemonía conservadora, y la guerra con el Perú le dio la oportunidad de unificar a los partidos en la excitación patriótica, y les puso a los decrépitos senadores de la oposición un uniforme de general de la república, y los mandó a morirse de paludismo en la selva. Hay una versión no confirmada de que el asunto lo arreglaron en un club de Lima políticos y diplomáticos de ambos países, que formaban parte de un equipo de polo internacional. ¡Fíjate (...)!”.
Los dos escritores hablaron incluso de los asuntos prácticos. “El problema –decía García Márquez– es que ambos tenemos que irnos a nuestros respectivos países, y allí tomar los datos precisos. Yo pienso encerrarme en la redacción de El Tiempo a reconstruir los hechos día por día, y obtener en esa forma toda la versión oficial, que he de complementar con datos suministrados por la academia de historia. (... ) Imagínate que uno de los héroes de estas jornadas gloriosas es el poeta Juan Lozano y Lozano, que ahora es embajador de Colombia en Roma, y que fue enviado a pelear ‘en representación de las letras colombianas’. Como él hay muchos. Nuestra ventaja es que ahora ellos se sienten próceres olvidados, y a la menor provocación soltarán la lengua, pensando que les vamos a hacer justicia. Piensa que Colombia trató de aniquilar al Perú con una delirante máquina aérea, llamada el sexquiplano, comprada en Londres y llevada a la bahía de Tumaco desarmada en piezas. El sexquiplano nunca se elevó más de 10 metros, y durante muchos años se utilizó para hacer giras turísticas, a ras de agua, en la bahía de Tumaco”.
En un determinado momento, el colombiano habla incluso de fechas: “Yo no puedo ir a Colombia, con este fin, sino dentro de un año largo, a mi regreso de Europa, y después de haber escrito la novela del dictador –se refiere a El otoño del patriarca– (…)”.
Vargas Llosa le debió de manifestar a su amigo algunas objeciones prácticas para conseguir datos, pues tenía en su contra a buena parte del estamento militar peruano, que había visto en La ciudad y los perros una feroz crítica a los valores castrenses. Gabo le responde aludiendo a “tu situación con los militares, la cual, supongo, sera peor cuando publiques tu novela sobre el guardaespaldas –se refiere a Conversación en La Catedral–. Pero creo que de veras el tema merece que se finja bajar la cabeza (...) para después soltar el cañonazo”."

LOS LÍMITES DEL CUERPO EN EL CUENTO “LA DOBLE Y ÚNICA MUJER” DEL ESCRITOR PABLO PALACIO

Resumen: El presente ensayo tiene como objeto realizar una lectura del cuerpo y su inscripción en el discurso de lo marginal, a...