lunes, 27 de diciembre de 2010

Internet, refugio de escritores (e) infortunados

 
 John Kennedy Toole y su novela póstuma "La conjura de los necios"

 Que la adversidad es inherente al trabajo de cualquier escritor. Que la imposibilidad de publicar por razones de mercado, por políticas editoriales o simple infortunio, es la historia misma de la literatura. Que André Gidé rechazó para la mítica editorial francesa Galimard el manuscrito de A la Búsqueda del Tiempo Perdido de Marcel Proust. Que el manuscrito de La conjura de los necios de Kennedy Toole, por ejemplo, saltó de editor en editor hasta convertirse después de numerosos rechazos y cuando su autor había abandonado con poco más de treinta años este mundo, en un bestseller y sobre todo en un verdadero prodigio literario. Que a ojos vistas es un desatino apostar por una carrera literaria, es la historia reiterada, reinventada, fabulada y temida por todos los desamparados de la literatura. 

Desamparados de la literatura, desterrados de la Patria de las Letras, para todos aquellos que no hemos publicado aún, internet se ha convertido en la forma más apropiada de dar a conocer nuestras creaciones y combatir con armas poéticas o no, la soledad y el desarraigo. 

La iniciativa más reciente pertenece a un grupo de escritores argentinos que acaba de abrir un grupo de Facebook en la que han decidido colgar sus poesías, quizá en lugar de aguardar a colgarse, tarde o temprano, ellos mismos. La nota a cargo de la  Revista “Ñ” del periódico “El Clarín” dice lo siguiente:
"Los poetas son los eternos rezagados de la industria editorial. La excusa de quienes amasan el negocio de los libros es la misma desde hace décadas.
"No hay lectores", repiten. ¿Pero cómo puede ser, si todos conocemos lectores avezados de versos? Esa misma pregunta se la hizo la poeta y docente Marisa Negri. Su amiga Alejandra Correa recogió el guante y hace poco más de una semana abrió el grupo de Facebook "Regale poesía", que ya tiene 450 seguidores. El grupo advierte que la poesía está a mano para comprar, regalar y ­lo más importante­ dónde se consigue. "Es muy difícil encontrar los libros. Sólo unos pocos elegidos, con una gran trayectoria detrás permanecen en las librerías", explica Correa, una de las hacedoras de la audiovideoteca de escritores que funciona en el Centro Cultural Recoleta.
Con varios libros publicados, conoce a la perfección la odisea de escribir poesía. "Se escribe en círculos muy cerrados, para otros poetas. Eso hay que romperlo y éste es el momento", insiste.
Las redes sociales como Facebook ­asegura­ sirven para difundir este tipo de propuestas. Hace pocos meses, Negri convocó a otros poetas para que fueran a leer a escuelas porteñas y del conurbano.
El resultado fueron 35 poetas y 500 alumnos en el Primer Festival de Poesía en la Escuela.
Las fiestas acaso ayuden a este pequeño fenómeno. Por eso prometen realizar campañas específicas. "Orientamos a los interesados para conseguir los libros que buscan. Hace falta que la gente se regale cosas interesantes y no un jean", se entusiasma Correa.
En tanto, "Regale poesía" sigue sumando seguidores y sorprendiendo a su creadora. "Me di cuenta de todo lo que no había leído y me hice una guía de lectura", cuenta. Libreros, distribuidores y poetas ya tienen un nuevo lugar de encuentro. Es virtual, pero real."
 Una iniciativa (como la del bookcrossing) que podemos recoger y aplicar a cualquier ámbito de la creación artística. Para los que apuesten por lo contrario les dejo el gracioso -y oportuno- video de la cantante Sol Pereyra: Actos Fallidos.


Los Libros del año

Portada de Los Emigrados de W.G. Sebald

Con el fin de año llega el momento de hacer balance y para algunos la mejor forma de resumir los sucesos transcurridos durante los últimos doce meses consiste en confeccionar las ya famosas listas. Listas de personajes del año, eventos del año, películas del año, libros del año, y un largo y casi infinito etc. Con el afán de evitar los excesos de mi carácter díscolo y haciendo una concesión a la sólida y envidiable cotidianidad del mundo, detallo a continuación mi lista, personal en intransferible, de las obras cuya lectura me ha marcado durante el 2010. Tómese en cuenta que es posible encontrar textos escritos décadas atrás en compañía de alguno que constituyó, incluso, una verdadera y grata novedad editorial: 

1.       Austerlitz, de W.G: Sebald (segunda lectura)
2.       Los Emigrados, de W.G. Sebald
3.       La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa
4.       Verano, de J.M. Coetzee
5.       Desgracia, de J.M. Coetzee
6.       Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi
7.       El Palacio de los Sueños, de Ismail Kadaré
8.       El Juego de los Abalorios, de Herman Hesse
9.       Nieve, de Orhan Pamuk
10.    Las Horas, de Michael Cunningham


jueves, 23 de diciembre de 2010

Las inconsistencias de la muerte y los curiosos destinos de Roberto Bolaño y W.G. Sebald (1era Parte)


Roberto Bolaño

Roberto Bolaño no es uno de mis escritores de cabecera. Se trata de una afirmación contundente y casi desafiante en una época en que su obra ha sido reconocida y su figura exaltada en mercados literarios tan diversos y alguno de ellos incluso tan apetitoso como el norteamericano. Su admisión en el olimpo privado de la presentadora Oprah Winfrey, las encomiosas reseñas del NY Times Book Review, la reciente adquisición de los derechos de su obra por parte del chacal literario Andrew Wylie -en detrimento de Anagrama-, y el amplio espectro de nuevas reediciones e incluso la paulatina revelación de textos inéditos apuntan a sostener durante varios años más en perfecto estado la maquinaria del famoso efecto Bolaño.

Bolaño al igual que el alemán W.G. Sebald, autor de "Austerlitz", (una de las pocas obras maestras contemporáneas), celebraron un período de reconocimiento justo después de sus infaustas y dolorosas muertes. Se trata del caso habitual en que la naturaleza, la casualidad o el infortunio juegan las cartas más desfavorables contra los espíritus creadores e innovadores, cobrando el elevado precio de sus vidas por el talento otorgado. Bolaño, tras permancer en estado terminal durante una semana, aguardando desesperadamente un transplante de hígado fallece el 15 de julio de 2003 en un hospital de Barcelona, con cincuenta años a cuestas. El caso de W.G. Sebald, es parecido, al punto de que varios y respetados especialitas llegan a considerarlo como un serio candidato para recibir en su día el Nobel de Literatura. Falleció en un accidente de tráfico el 17 de diciembre de 2001, tras perder el control del vehículo que conducía por una carretera del Condado de Norfolk, Inglaterra. Contaba con 57 años.

W.G. (Max) Sebald
La pregunta es invitable ¿cuánto habría cambiado nuestro panorama literario si en lugar de los infortunados sucesos de sus muertes, ambos Bolaño y Sebald se encontraran ahora mismo, este preciso instante, hojeando los periódicos, tomándose un café, sentados frente a sus ordenadores componiendo párrafos magníficos, personajes desgarrados, en fin, obras dotadas quizá de mayor madurez y encanto.

Todo son conjeturas. Idealizaciones y sueños.

Lo único cierto es que desde hace un buen tiempo no puedo desprenderme con facilidad de ciertas preguntas que me inquietan: ¿en qué momento personal e ínitimo, asumieron que morirían? ¿Qué proyectos desarrollaban por entonces, quedando, en consecuencia inconclusos? ¿Reemplazará alguien dotado de la calidad literaria suficiente, el espacio dejado por estos dos magníficos autores?

Si las referencias son ciertas, Roberto Bolaño padeció los primeros malestares de su afección hepática en 1992, cuando contaba con 39 años. Para entonces apenas había publicado alguna obra y sus incursiones más existosas apuntaban a la conquista de pequeños certámenes municipales. Fue primero con La Literatura Nazi en América y Estrella Distante y sobre todo con Los Detectives Salvajes, que alcanzó el oportuno renocimiento a su obra, obteniendo finamente los premios Herralde y Romulo Gallegos de 1998. Los momentos cumbres alcanzados por 2666 no alcanzó a verlos debido a su fallecimiento meses antes, dejando, eso sí, indicaciones expresas sobre la forma de proceder con el texto, la publicación individualizada de cada una de sus partes así como el precio a negociar con el editor. Todo según el deseo de legar a sus hijos las mejores condiciones económicas. Afortunadamente la decisión de la familia, la editorial y el crítico Ignacio Echevarria que actuaba por entonces como albacea de la obra, permitió la publicación íntegra de 2666, incorporando las 5 pequeñas novelas o "partes" en un volumen único de altísima calidad literaria. Personalmente aprecio mucho las travesías y las finas persecuciones que emprenden por seminarios, congresos y simposios los fanáticos de la obra de Benno Von Archimboldi en la así llamada "Parte de los Críticos". El libro final también cuenta con mi admiración y afecto, se trata de la "Parte de Archimboldi", en la que se descubre las peripecias del famoso escritor, desde su juventud en los estertores de la II Guerra Mundial, sus descubrimientos personales, sus primeras incursiones litearias, hasta su éxito matizado por el rechazo que siente por dejarse ver en público y rehuir todo evento al que se le convoca. Lo seguimos, finalmente, en su viaje a la ciudad de Santa Teresa -Ciudad Juárez- México, en donde cientos de mujeres han sido muertas de las formas más atroces.

Se trata, en definitiva de un libro extenso, lúdico, por momentos brillantes, absolutamente recomendable para su lectura. 

(En breve la segunda parte de este artículo)


 Portada de la edición en castellano


Portada de la edición en inglés

En Tolstói, Librería Independiente, ubicada en la ciudad de Quito, en la calle Vancouver, entre Italia y Alemania (3238207), a la vuelta de la Asociación Humboldt, es posible encontrar los siguientes títulos de Bolaño, tomen nota:

2666, edición en inglés: 22.77 usd
Los detectives salvajes:  edición en inglés 34 usd, edición en castellano (Anagrama): 18.97 usd

martes, 21 de diciembre de 2010

Con los ojos cerrados

A continuación uno de mis cuentos breves. Se llama “Con los ojos cerrados”, y en él un amigo ha encontrado cierta reminiscencia de los momentos finales de Demián, de Herman Hesse.

Con los ojos cerrados

I
Me siento solo. La soledad es evidencia de una sola cosa: el singular rumbo que ha tomado mi vida. No importa qué día sea ni el tiempo que haga, siempre que abro los ojos por la mañana encuentro el mismo espectáculo de anaqueles poblados de libros y el ordenador sobre la raída mesa del comedor en la que de forma permanente reposan restos de algo: de pan, de frutas secas o simplemente grumos de miel. Es la alimentación del penitente. Por la mañana té con tostadas, hacia el mediodía una ensalada, por la noche más té, ésta vez acompañado de frutas.
Empiezo a tener miedo.
En efecto. Tengo miedo de perder el sentido de la realidad y dejar numerosos proyectos inacabados. Varios relatos, una novela, una traducción, dos o tres artículos de crítica literaria. Con el paso del tiempo, mientras más empeño ponía en leer y descubrir nuevos autores más me embarullaba en sus palabras, así que por consejo de un terapeuta me aparté de la lectura y me dediqué a la enseñanza. Ahora, de regreso a mi disciplina de lector contumaz, debo sumar a mis proyectos fallidos una larga lista de libros pendientes. Se trata, sin más aspavientos y empleando las palabras más sutiles, de una vida modesta, de mi vida, y en ella la ficción literaria tiene el valor de lo real, articula mi tiempo y vierte su cuota de plasticidad y lujuria en mi pequeño universo cotidiano.
Las noches se tornan largas e insoportables. A mi lado me acompaña un pequeño perro de color negro. Tiene en el pecho una larga hilera de pelitos blancos y al tiempo que me mira, y nadie me podrá negar que en su mirada palpita una profunda inteligencia, apoya su cabecita sobre el borde de la canasta. Luego deja transcurrir unos minutos más de observación sesuda, se levanta tambaleante y camina con parsimonia hasta tenderse a mi lado.
La tarde anterior un colega me invitó a un bar. Mientras conversábamos todo se fue degradando hasta convertirse en una trivia irrelevante, de aquellas que se lanzan entre sí dos personas que se conocen y se toman por suspicaces.
-Existe en la naturaleza algo similar al círculo- me preguntó con delectación.
-Creo que no –le respondí con el semblante agotado.
-Se equivoca –me corrigió-. La verdad es que sí. La naturaleza es la creadora del círculo y no el hombre. Cuando usted observa las ondas de un estanque alejándose desde su centro en forma simétrica hacia los costados, está observando un círculo.
Regrese desolado a mi departamento. Es el rumbo que toman mis conversaciones, cada vez más irreales, menos corporales y siempre fatigosas.
Hace cinco años, sin embargo, todo era diferente. Marcia era una de mis estudiantes preferidas. Bajo mi tutela ganó uno de los concursos literarios más importantes. Sus relatos conmovían por la fuerza de sus personajes y por sus finales siempre impredecibles, electrizantes. Después de la ceremonia tomamos un café, allí pude conocer a sus padres. Iniciamos una relación discreta. Pero la gente tiene razón cuando sospecha de esos amoríos en los que uno de los protagonistas es ya demasiado viejo. El embrujo duró doce meses, los mejores de mi vida, pero todo terminó pronto, demasiado pronto.
Cuando me abandonó caí en una profunda depresión.
Esa misma noche tuve el primer sueño. Un sujeto que no era yo aunque movía las manos y gesticulaba tal como suelo hacerlo, caminaba entre infinitas callejuelas buscando algo que le habían encomendado. No podía recordar de qué se trataba, así que avanzó sin prisa de un lado hacia otro, se posó frente a locales iluminados cuyo interior rezumaba calor y siguió dando pasos con el ánimo cada vez más distendido, pensando que el olvido era una buena excusa para caminar sin rumbo. Cruzó la ciudad de un extremo a otro, aspiró profundamente el aire húmedo de la madrugada y se detuvo repentinamente ante una modesta tiendecita. Ese instante todo regresó a su cabeza. Buscaba a un viejo librero de manos aquejadas por la artritis. Al reconocerlo detrás de las verjas le tendió un pequeño cuaderno y sintió al instante sus dedos retorcidos. Esto acabo de escribirlo esta misma noche, le dijo, y se apartó en el acto.

II
Desde ese momento algo misterioso se introdujo en mi existencia. ¿Cuántas vidas puede uno vivir al interior de sus sueños? ¿Cuántos libros puede uno escribir al amparo de lámparas inexistentes y al interior de habitaciones improbables, oníricas?
Una noche, sin previo aviso, porque los sueños de esa semana me situaban siempre en campos abiertos o en plazas llenas de gente, me encontré en un solitario pasillo de baldosas celestes con incontables recovecos. Sin darme cuenta al principio, debido a que el miedo a extraviarme atenazaba y paralizaba mis pensamientos, tuve que admitir después de andar y desandar cien caminos distintos, que estaba atrapado en un laberinto.
Tres semanas tardé en recorrer todos sus extremos y en cruzar todas sus esquinas irreales, engañosas. Tres semanas mis sueños se doblaron uno sobre otro, devolviéndome cruelmente al punto exacto del camino abandonado la noche anterior. Tres semanas confronté el miedo más intenso, el agotamiento y el delirio. Sin embargo un día en que prácticamente había perdido toda esperanza una sombra se atravesó en mi camino. La sombra parecía jugar conmigo, una veces se adelantaba y me guiaba hasta una fuente agua y otras me llevaba hacia el término natural del sendero: una galería rota de forma imprevista, suspendida sobre un abismo poblado de tinieblas.
La sombra a veces me susurraba palabras al oído y otras me hacía gestos. Una noche, sin más, se detuvo frente mío y empleando la voz de Marcia me dijo:
- Un laberinto es un lugar de caminos que se entrecruzan, de paredes que se rompen, de rincones improbables…
Dos días después me dio la siguiente pista.
-Este no es un laberinto cualquiera. La única salida consiste en regresar al inicio.
Sin entender a qué se refería caminé desesperado a todo lo largo de un pasillo.
Al término de la tercera semana, tras observar que mi delirio iba en aumento, la sombra me dio la clave final para escapar de ese lugar:
-No has pensado que quizá no estás soñando.
-Qué quieres decir –interrumpí.
-No pienses en un laberinto, piensa en la literatura…
-Exacto, -dije-, la literatura es un lugar de caminos que se entrecruzan, de paredes que se rompen, de rincones improbables… Fue allí cuando levanté la pluma de mi cuaderno y vislumbré el único escape posible.

III
-Abel, regresa a la realidad -me dijo el terapeuta-. Los sueños son sólo sueños y nada significan si uno abandona la racionalidad y se deja llevar por el misticismo.
Los siguientes días se tornaron francamente insoportables.
Mi dieta de asceta empezó a menguar considerablemente. Bajé de peso y empecé a perder la concentración.
Las pastillas contra la depresión surtían su efecto y me llevaban a un detestable estado de automatismo.
Un mes entero pasé sin sueños. En verdad no se trataba de que careciera de sueños, sino de que todos ellos se habían vuelto como el reverso deformado de mis días sin suerte.
Un mes entero pasé agarrado a la ansiedad más furiosa y al temor creciente.
Aterrado un buen día ingerí todas las pastillas que tenía a mi alcance. En medio de la desesperación realicé llamadas caóticas, incomprensibles. Sólo dos amigas acudieron a mi llamado. La una vino a verme a casa y me llevó al hospital. La otra me cuidó con suavidad y dulzura. Pasé allí tres días. El médico me practicó un lavado gástrico, me recomendó descanso y me prescribió una medicación diferente.
La noche de mi salida volvieron finalmente los sueños. Marcia y yo nos encontrábamos en una librería. Ella hojeaba los libros de una repisa. Entre tinieblas aún puedo verla tomando un texto al azar y barajando las páginas como si se tratara de un mazo de cartas. La veo también acercarse a tientas a los sillones ubicados junto a la ventana. A sus espaldas se levanta un enorme anaquel de libros multicolores. Es la sección infantil y está adornada con numerosos dibujos adosados a las paredes. En muchos aparecen magos y castillos, vampiros y exploradores. Uno de los textos representa a una colorida oruga que come sin parar hasta convertirse en mariposa. Más adelante, en medio de un gran mueble de madera oscura identificado con la palabra literatura se encuentra un sólo texto asombroso. En el mismo libro Camus es Kafka y Borges es Cervantes. Allí están todos los autores y sus personajes, desentrañando prolija y cabalmente la vida humana desde el primer instante.

IV
Después de varios meses de tratamiento pude retornar al ritmo habitual de mi vida. Con la inestimable colaboración de varios amigos me reincorporé a la práctica de la enseñanza en una institución que ayudaba a los estudiantes a preparar sus exámenes de ingreso a la universidad. El trajín era lo de menos, durante los primeros días pude superar sin problemas la congestiones vehiculares, los largos viajes por carreteras sinuosas. Curiosamente me creía en capacidad de atravesar cualquier obstáculo.
Al anochecer de un día cualquiera, el momento mismo de entrar al baño sentí un fuerte mareo y me desplomé sobre el marco de la puerta, ese instante escuché una voz femenina que salía detrás de las cortinas. Era Marcia. Al verme desolado sobre el suelo me sonrió comprensiva.
-Estás teniendo uno de aquellos sueños en los que te has golpeado la cabeza y ello, para tu más hondo terror te ha producido una gran herida-. En efecto mi cabeza empezó a sangrar profusamente. Al prestar atención al corte descubrí que se trataba de una contusión de características sobrecogedoras.
-Ahora vas a escarbar entre tus cabellos y comprenderás que la herida es incluso más grande de lo esperado-. Efectivamente, con los dedos índice y pulgar separé los bordes de piel y pude atisbar ante un espejo la profunda oscuridad de mi cuerpo, las cavidades y los espacios sombríos en cuyo interior la vida circula como un mecanismo lleno de fluidos y cartílagos. Marcia se acercó hacia mí con un movimiento sinuoso, lascivo y me curó la herida. Luego me besó en silencio, se recostó sobre la cama y me invitó a tener sexo con ella. Por un instante llegué a creer que todo era tal como en nuestra época mágica. Después se levantó y antes de cruzar la puerta y abandonar la habitación, me dijo:
-Con los ojos cerrados. Todo sucede con los ojos cerrados…
Desperté con un profundo sentido de ansiedad. A la mañana siguiente bajé las escaleras del edificio y mientras caminaba encontré pintarrajeada en una pared, con letras rojas, la frase: con los ojos cerrados. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Al cruzar frente a la tienda descubrí escrita en la ventana, junto al detalle de varios enseres, las mismas palabras. Unos metros más allá en un cruce de vehículos y ante la vista indiferente de los paseantes un letrero parpadeaba con los ojos cerrados, con los ojos cerrados. De pronto escuché que alguien me hablaba a las espaldas.
Temblando reconocí a Marcia nuevamente y me acerqué hacia ella imaginando que me encontraba a las puertas de la locura. Repentinamente el sol se escondió y arreció la lluvia. Me tomó de la mano y me llevó a un lugar cálido y abrigado. Nos sentamos en uno de los rincones de un bar de paredes recubiertas de madera, un ligero aroma a incienso surgió de las mesas circundantes. Con una sonrisa en los labios y acariciando mi rostro, me dijo:
-Es una fortuna extraordinaria habernos encontrado en un día como éste.
Hizo una pausa, me dirigió una mirada tierna y continuó:
-Creo que ha llegado la hora. Quizá sea el momento de que conozcas la verdad.
-¿Cuál verdad?
-Para adentrarte en ella debes seguir mis instrucciones.
-¿Qué tipo de instrucciones?
-Estira tus brazos y piernas…
-Está bien…
-Ahora coloca tus manos sobre los ojos…
-Todo esto es realmente extraño…
-Confía en mí.
-Siento como si estuviera flotando -interrumpí-, siento un mareo intenso, como si ya conociera todo esto, como si hace mucho, muchísimo tiempo lo hubiera vivido en la misma forma, excepto porque tu rostro ahora es distinto –una lágrima recorrió mi mejilla-. ¿Estamos soñando?
-Es probable.
-Entonces qué sucede.
-La única verdad es que acabamos de conocernos y uno ha creado al otro…
-Marcia, tengo miedo… Marcia
-Pues bien, ha llegado el momento… estás dentro de mí o estoy dentro de ti…

Inesperadamente él reclina su pesada cabeza sobre mi pecho, luego me aprieta en un fuerte abrazo y me besa en los labios, un poco de mi carmín queda prendado en su boca. De repente siento que la lluvia se extingue y que es reemplazada por una gran claridad que estalla desde el horizonte.
Al abrir los párpados sólo recuerdo que su nombre suena como el de un ángel expulsado del paraíso, cuando despierto por completo no sólo he olvidado su rostro, sino que he olvidado que una lágrima de terror se deslizó por su mejilla. Con desesperación hurgo en mi bolso en busca de un cuaderno y reconstruyo pacientemente los pocos retazos que han quedado en mi memoria, y lo hago para no olvidar que en el último momento alcancé a escuchar su voz templada llamándome suavemente por mi nombre: Marcia. Y lo hago también porque su presencia breve, evanescente, tal como ocurre en esos escasos momentos de resonancia mágica que tenemos en la vida, me ha llenado de nostalgia.

El curioso devenir de los libros

Pocos días atrás una gran amiga regresó del Brasil trayendo de vuelta un libro que alcanzó a meter en su maleta justo antes del viaje. Se trata de "El Palacio de los Sueños" de Ismail Kadaré. Más allá de las connotaciones psicoanalíticas del título, se trata de una magnífica disección de los recovecos del poder totalitario. En aquella dictadura esperpéntica, como todas las dictaduras, se hace una recopilación de los sueños soñados y de sus posibles presagios y consecuencias para el régimen. Las mejores páginas son, sin duda, aquellas en las que el lector puede seguir el curso burocrático de las evocaciones oníricas que una vez han sido recogidas y catalogadas son sometidas a un arduo proceso de interpretación. He aquí, en palabras de Kadaré, el propósito último del Tabir Saray -Palacio de los Sueños-:

"Hace ya largo tiempo que el mundo reconoció la importancia de los sueños y el papel que han desempeñado en el destino de los Estados y de quienes los gobiernan. Sin duda habrás oido hablar del Oráculo de Delfos, de los célebres nigromantes romanos. En los viejos libros se relatan los efectos beneficiosos de sus predicciones igual que el precio que hubo de pagarse cuando no las creyeron o lo hicieron demasiado tarde. (...) En una palabra esta secular tradición fue de gran importancia, pero resulta insignificante frente al formidable mecanismo del Tabir Saray. Nuestro Estado Imperial ha sido el primero en la historia del mundo en situar a tan elevado nivel la interpretación de los sueños, adjudicándoles rango institucional."

Más tarde señala:

"Todo lo que se muestra turbio y amenazante, o lo que pueda llegar a serlo al cabo de los siglos, manifiesta su proyecto primero en los sueños de los hombres. No existe pasión o pensamiento maléfico, adversidad o catástrofe, rebelión o crimen que no proyecte su sombra mucho antes de materializarse en el mundo. Por eso el soberano dispone que ningún sueño, aunque haya sido visto en el confín más apartado del Estado el día más anodino o concebido por el más insignificante siervo deba escapar a la vigilancia de nuestros funcionarios."

En efecto, en razón de un sueño (o un mal sueño) pueden decidirse detenciones y torturas. Los funcionarios pueden subir o bajar de nivel en la rígida estructura del gobierno, los soñantes pueden ser interrogados hasta el ultraje o pueden ser recibidos y homenajeados por el Soberano. La paranoia del poder absoluto se materializa en la maestría con la que el autor va desgranando los intersticios del absolutismo y sus métodos siempre deleznables (no se olvide que para ciertos regímenes lo importante es el fin y no los medios).

Es posible conocer más detalles de Kadaré en un magnífico artículo que le dedica el suplemento Babelia de el Periódico El País de España con motivo de haber recibido, el año pasado, el Príncipe de Asturias de las Letras.

Aquella amiga me comenta que medio en del tráfago de su viaje apenas tuvo oportunidad de abrir el libro y que el rostro contrito de Kadaré permaneció apuntando varios días hacia el techo de su habitación.

Mucho debo a los libros, mucho debo también a esa amiga que ha regresado del Brasil y lo curioso es que la singular conjunción de su viaje, el libro que traía entre sus manos y esta breve reseña me han recordado una práctica habitual en ciertos lugares. El bookcrossing, consistente en dejar abandonado un libro sobre la banca de la facultad, a la entrada de un establecimiento o en una estación de autobuses. La portada del programa de libros Pagina2 lo retrata perfectamente y les recomiendo que la vean.

Porque es cierto, a los libros también les gusta salir de paseo, conocer tierras extrañas, plantarse de cara frente a lejanos atardeceres, ser abrazados y puestos a buen recaudo, recibiendo con ello la recompensa apropiada por lo que encierran en sus páginas. Les gusta también que se les muestre el mundo y se les recuerde, de cuando en cuando, tal como hacía aquel profesor chileno, Amalfitano, trasunto de Roberto Bolaño en 2666, que en este mundo sobran las cosas por conocer y -tras colgar un texto de una alambrada a la intemperie- que a los libros siempre les viene bien, también, aprender cuatro cosas de la vida.

En la siguiente imagen "Austerlitz" de W.G. Sebald de paseo por la ciudad de Cuenca. (Por cierto la caja de cigarrillos que aparace en la fotografía no pertenece a este servidor que se declara para todos los efectos: progresista, feminista, deconstruccionista, antitaurino y por último no fumador y abstemio)



Estoy leyendo: Nocturnos de Kazuo Ishiguro (30 usd. en Mr. Books del C.C. El Jardín)