martes, 21 de diciembre de 2010

El curioso devenir de los libros

Pocos días atrás una gran amiga regresó del Brasil trayendo de vuelta un libro que alcanzó a meter en su maleta justo antes del viaje. Se trata de "El Palacio de los Sueños" de Ismail Kadaré. Más allá de las connotaciones psicoanalíticas del título, se trata de una magnífica disección de los recovecos del poder totalitario. En aquella dictadura esperpéntica, como todas las dictaduras, se hace una recopilación de los sueños soñados y de sus posibles presagios y consecuencias para el régimen. Las mejores páginas son, sin duda, aquellas en las que el lector puede seguir el curso burocrático de las evocaciones oníricas que una vez han sido recogidas y catalogadas son sometidas a un arduo proceso de interpretación. He aquí, en palabras de Kadaré, el propósito último del Tabir Saray -Palacio de los Sueños-:

"Hace ya largo tiempo que el mundo reconoció la importancia de los sueños y el papel que han desempeñado en el destino de los Estados y de quienes los gobiernan. Sin duda habrás oido hablar del Oráculo de Delfos, de los célebres nigromantes romanos. En los viejos libros se relatan los efectos beneficiosos de sus predicciones igual que el precio que hubo de pagarse cuando no las creyeron o lo hicieron demasiado tarde. (...) En una palabra esta secular tradición fue de gran importancia, pero resulta insignificante frente al formidable mecanismo del Tabir Saray. Nuestro Estado Imperial ha sido el primero en la historia del mundo en situar a tan elevado nivel la interpretación de los sueños, adjudicándoles rango institucional."

Más tarde señala:

"Todo lo que se muestra turbio y amenazante, o lo que pueda llegar a serlo al cabo de los siglos, manifiesta su proyecto primero en los sueños de los hombres. No existe pasión o pensamiento maléfico, adversidad o catástrofe, rebelión o crimen que no proyecte su sombra mucho antes de materializarse en el mundo. Por eso el soberano dispone que ningún sueño, aunque haya sido visto en el confín más apartado del Estado el día más anodino o concebido por el más insignificante siervo deba escapar a la vigilancia de nuestros funcionarios."

En efecto, en razón de un sueño (o un mal sueño) pueden decidirse detenciones y torturas. Los funcionarios pueden subir o bajar de nivel en la rígida estructura del gobierno, los soñantes pueden ser interrogados hasta el ultraje o pueden ser recibidos y homenajeados por el Soberano. La paranoia del poder absoluto se materializa en la maestría con la que el autor va desgranando los intersticios del absolutismo y sus métodos siempre deleznables (no se olvide que para ciertos regímenes lo importante es el fin y no los medios).

Es posible conocer más detalles de Kadaré en un magnífico artículo que le dedica el suplemento Babelia de el Periódico El País de España con motivo de haber recibido, el año pasado, el Príncipe de Asturias de las Letras.

Aquella amiga me comenta que medio en del tráfago de su viaje apenas tuvo oportunidad de abrir el libro y que el rostro contrito de Kadaré permaneció apuntando varios días hacia el techo de su habitación.

Mucho debo a los libros, mucho debo también a esa amiga que ha regresado del Brasil y lo curioso es que la singular conjunción de su viaje, el libro que traía entre sus manos y esta breve reseña me han recordado una práctica habitual en ciertos lugares. El bookcrossing, consistente en dejar abandonado un libro sobre la banca de la facultad, a la entrada de un establecimiento o en una estación de autobuses. La portada del programa de libros Pagina2 lo retrata perfectamente y les recomiendo que la vean.

Porque es cierto, a los libros también les gusta salir de paseo, conocer tierras extrañas, plantarse de cara frente a lejanos atardeceres, ser abrazados y puestos a buen recaudo, recibiendo con ello la recompensa apropiada por lo que encierran en sus páginas. Les gusta también que se les muestre el mundo y se les recuerde, de cuando en cuando, tal como hacía aquel profesor chileno, Amalfitano, trasunto de Roberto Bolaño en 2666, que en este mundo sobran las cosas por conocer y -tras colgar un texto de una alambrada a la intemperie- que a los libros siempre les viene bien, también, aprender cuatro cosas de la vida.

En la siguiente imagen "Austerlitz" de W.G. Sebald de paseo por la ciudad de Cuenca. (Por cierto la caja de cigarrillos que aparace en la fotografía no pertenece a este servidor que se declara para todos los efectos: progresista, feminista, deconstruccionista, antitaurino y por último no fumador y abstemio)



Estoy leyendo: Nocturnos de Kazuo Ishiguro (30 usd. en Mr. Books del C.C. El Jardín)

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